Se presentó al consultorio una adolescente de 18 años de edad para ver los resultados del laboratorio que la médica le había pedido en su primer consulta. El laboratorio había sido solicitado ya que la paciente le había referido a la médica que alguna vez le habían dicho que tenía una leve anemia. La misma era asintomática. La médica había indagado sobre antecedentes ginecológicos como hipermenorrea o polimenorrea pero la paciente relataba ciclos menstruales normales. Con respecto a la dieta, la paciente describía una dieta variada que incluía carnes rojas y legumbres. Durante aquella primera consulta la paciente le había manifestado a la médica su preocupación por la posibilidad de padecer una anemia del mediterráneo o talasemia. Con este motivo, la médica además del hemograma solicitó electroforesis de la hemoglobina A2.
Mis interrogantes durante esta consulta fueron: Primero ¿es necesario estudiar una anemia asintomática? Además, en una paciente sin antecedentes familiares ¿se pide una EF de HbA2 tan pronto para hacer el diagnóstico? ¿No sería correcto, dada la alta prevalencia de la anemia ferropénica, primero indicar hierro oral y luego, en caso de descartar ferropenia hacer una EF? ¿Habrá la médica pedido este estudio para tranquilizar a la paciente y reasegurar la relación médico-paciente?
Sole_
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